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Francisco, las manos de un voluntario

Published on Martes, 23 Febrero 2016
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¿Hola Francisco, para alguien que no conozca tu labor, cuál es tu trabajo en adama?

Mi labor es acompañar a los usuarios del centro que Adama me haya asignado, generalmente en exclusión social y sin recursos económicos,  desde mis conocimientos  como terapeuta, en mi caso, dando masajes o sesiones de craneosacral, y desde mi propia experiencia de vida, aquello que soy como persona, mis recursos y mi tiempo, aquel que me he comprometido entregar de manera voluntaria.

Con el paso de los días, cuando vas conociendo a las personas que tratas, te das cuenta que la  terapia, además de ayudar a la persona de sus malestares físicos, es, principalmente, un instrumento para llegar a ella en lo que es, sin juicios ni valoraciones; entonces,  el contacto, la escucha, la empatía y una sonrisa, son las formas sin forma de estar con ella, sin invadir su intimidad, su proceso, su poder.

Entiendo que este acompañamiento debo hacerlo desde la aceptación, la comprensión y el amor, para que la persona tome conciencia de sí misma, se valore y se empodere, respetando su tiempo y su evolución.


Cuéntanos ¿Cómo fueron tus comienzos en adama?

Yo conocí Adama por internet; tuve un ere en el trabajo y ya llevaba unos años preparándome como terapeuta, pues, era algo que tenía ganas de hacer. Ante la nueva situación, además de procurar abrirme un campo profesional, sentí una llamada interior de dar una parte de mi tiempo como voluntario, pero quería hacerlo en lo que conocía, me llenaba y formaba parte de mi bagaje. Dudaba que existiera una organización así, pero, para mi sorpresa, encontré Adama, que reunía todo lo que demandaba para ofrecerme. Fue un encuentro causal, que no casual, del que estoy agradecido al Universo y a todas las personas que forman parte del colectivo de Adama, desde sus fundadores y dirigentes, hasta tod@s los que colaboran y hacen de voluntari@s.

Recuerdo  que al primer centro que me destinaron fue “ACASC”, en el Raval de Barcelona, un centro de día para personas con sida. Iba a sustituir a una chica que había solicitado el cambio, para dar masajes, que era la terapia que tenía concertada Adama en el convenio de colaboración.

Cuando el primer día mi compañera me hizo el traspaso  y me presentó al primer usuario,  lo primero que me espetó fue “a mí ningún hombre me toca”; luego cuando hablamos y me contó parte de su historia en la cárcel, donde lo habían maltratado e intentado violar, con las drogas y otras cuestiones, lo pude entender, acoger y abrazar desde el corazón compasivo.

Igual para mí fue un golpe duro, que me puso súbitamente en la realidad de la elección que había hecho, y a reprogramar los “chips” con que llegué, para cambiar y actualizar todas mis comprensiones, que me servían en mi cotidiano vivir, pero, que nunca podían responder, ni funcionar, en el entorno donde ahora me iba a mover.

El otro impacto fue el lugar de trabajo, en una sala desordenada, sin intimidad y con herramientas de trabajo muy precarias.

Bien “Francisco”, me dije, las condiciones son éstas, y tienes que aceptarlas ya, sí o sí. Más adelante, si hay la oportunidad, introducirás los cambios que quieras, te permitan o te procuren.

Al rechazo inicial de aquel hombre, siguieron otros, quizás también, porque los voluntarios que habían ido a aquel centro siempre habían sido mujeres, y porque, mayoritariamente, los usuarios que allí van son hombres, que por su historia, tienen esa concepción “machista” incorporada, sin duda errónea, pero comprensible en su caso. Ni bueno, ni malo, simplemente lo que es.

Así que la terapia, de entrada, se convirtió más en un estorbo que en un medio para llegar a aquellas personas. Los dos primeros días apenas se acercó nadie y no sabía bien como llegar a ellos sin que se molestaran. Lo hablé con una de las personas que llevaban el centro, y empecé a entablar diferentes conversaciones con los usuarios del mismo. Ambos hicimos un pequeño plan de darme a conocer, hablar con las personas y explicar mis servicios. Al tercer día, cuando ya sentía pedir un cambio de destino, la cosa cambió radicalmente, fue todo un aprendizaje

Primero vino un hombre, muy abierto a las terapias, que me solicitó un masaje, algo muy natural, pues, al principio, los usuarios quieren algo más físico, de contacto, donde se sientan acogidos y aceptados. Luego ya puedes utilizar otras herramientas, en mi caso, craneosacral, que les ayuda a relajar y equilibrar el sistema nervioso, uno de los más afectados en su situación, para, posteriormente,  entrar en la terapia que yo denomino de la escucha, donde puedan sentir un espacio seguro y de confianza, para hablar de su historia, de sus problemas, de sus procesos, de sus heridas, sin que se sientan juzgados ni recriminados, en la total aceptación y comprensión. Es desde este espacio que puedes acompañarlos, para que se valoren, tomen conciencia de sí mismos y se empoderen de sus vidas.

Después  vinieron otros, también el primer hombre que me rechazó, aquejado de una tendinitis en el brazo derecho. Me pidió si le podía hacer algo, le hice un masaje en el brazo y unos estiramientos, y, de repente,  se le fueron todas las “manías”; quiso que también le hiciera la espalda y luego las piernas, que por las noches le daban unos calambres muy dolorosos, fruto sin duda de la tensión con la que viven. Durante el masaje estuvimos hablando, es muy expresivo y parlanchín, se abrió y salieron temas muy personales; entonces, entendí más. Él salió dando unos cuantos pases con las piernas, para enseñarme que las sentía mucho más ligeras, acompañados de una sonrisa en la cara, que yo le devolví. Gracias, te quiero!

Lo que sí puedo afirmar es, que después de cada sesión, con cada persona,  algo cambia en su cuerpo y en su ser,  y no importa el tiempo que dure, horas o algún día, es un descanso, un paréntesis, un oasis, donde en su situación social, la ansiedad y la rigidez corporal es algo común.

Ver el agradecimiento y la satisfacción que muestran las personas al terminar la sesión, me llega a lo más hondo del corazón, que vibra agradecido por el regalo de poder ser y estar  con ellas, en confianza, respeto y amor. Os quiero!

 

 Francisco durante su técnica

¿Podrías explicarnos, según tu opinión, cual es el pilar básico de tu trabajo en adama?

Creo que en parte lo he comentado: la escucha activa, que comporta respeto, flexibilidad, atención plena, confianza y amor. Es el encuentro de dos seres en igualdad de dignidad, que debe estar libre de cualquier prejuicio o valoración.

Vital es que el voluntario se mantenga neutral y en su centro, y no se deje llevar por el estado de la otra persona, sus emociones, su ansiedad, sus angustias, sus dolores, sus miedos. De ahí que un día escribiera: “Mi corazón siente un gran deseo de que se sane, de que salga en la situación en que se encuentra, es mi hermano, lo quiero; y, no, debo poner distancia, neutralidad, vacío, y hacer un acto de rendición y confianza, dejando que sea su ser que se exprese, en el ahora y aquí, según convenga a su mayor bien. Yo no soy nadie para interferir  en su proceso de evolución y crecimiento.  Sí puedo acompañarle desde su propio querer y empoderamiento.

Vital  es la atención y el respeto a lo que la otra persona nos quiere decir; no diagnosticamos, no hacemos juicios, no valoramos, sino que observamos y escuchamos, desde la neutralidad,  lo que la persona  quiere comunicarnos para liberarse.  Por ello, la  aproximación a la persona ha de ser de forma no intrusiva, sutil, atenta, sin expectativas ni prepotencia curativa. La comunicación necesita su tiempo, más cuando hay historias, heridas, traumas, que han llevado a una exclusión social. Hay ocasiones en que el umbral del trauma está por encima de la capacidad de respuesta de la persona en ese momento. En estos casos, el voluntario, que  es un mero facilitador, va allí donde la persona le muestra un bloqueo y le da un pequeño estímulo de inducción para que su conciencia recupere la memoria de su valor y haga lo que considere conveniente en ese momento. Poner intención o mandato no sirve de nada, al contrario, retrae su respuesta, para que opere según su innata sabiduría. Un pequeño estímulo es más efectivo que grandes dosis, de ahí que para nosotros, los voluntarios,  también sea válido lo que señaló un prestigioso arquitecto alemán, Van Der Rohe:  “menos es más”.

 

 

¿Qué le dirías a alguien que esta dudando en hacer voluntariado en adama?

Creo que ya he hablado mucho. No dudes, haz la experiencia, lo que vas a sentir es una pasada, que no puede explicarse con palabras, porque es algo muy personal, que llega muy adentro, de manera distinta para cada uno y siempre mágica. Permítetelo.



Francisco Vives
Voluntario adama 

Certificaciones

Certificados de Calidad y confianza

Estas son algunas de las organizaciones que reconocen y certifican nuestros esfuerzos:

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