Raquel Bernaus: “El voluntariado es un feedback”
¡Qué mejor manera de conocer uno de los nuevos centros en los que colabora la ONG, el CRAE "Llar d'Infants d'Igualada", de los Maristas, que a través de su voluntaria de terapias! Es por eso que hablamos con Raquel Bernaus, que durante estos primeros 4 meses de colaboración es la terapeuta de Adama en el centro.
Una voluntaria con experiencia
Raquel Bernaus es voluntaria en Adama y terapeuta con una consulta propia en el gimnasio municipal de Igualada. Ha estudiado Shiatsu, quiromasaje terapéutico, reflexologia podal, fitoterapia, flores de bach y bioenergética china. Aunque como bien nos comenta ella “una cosa te lleva a la otra, todo es complementario y actualmente lo llego a fusionar todo en las terapias”. A través de estos conocimientos, Raquel consigue entablar una relación de confianza con los chicos y chicas del centro, a través de la cual los va entendiendo y ayudando.
Vive y trabaja en Igualada, la ciudad donde se encuentra este centro de atención a jóvenes de los Maristas. Colabora como terapeuta en Adama desde hará unos 4 años aproximadamente. Después de realizar su voluntariado durante un tiempo en un centro de mujeres en situación de vulnerabilidad, también en Igualada, desde el pasado noviembre colabora en el CRAE “Llar d’Infants d'Igualada”, donde ayuda a niños y jóvenes de entre 12 hasta 18 años.
A través de los ojos del voluntario
No es casualidad que los dos centros en los que ha colaborado estén en Igualada. Raquel tiene dos hijos, y nos comenta que “ello comporta mucho tiempo entre viajes y comidas, y cuesta de compaginar, por lo que para ella sería inviable hacer de voluntaria en otro sitio”. No obstante, cuando hablamos con ella una voz alegre y feliz nos transmite positivismo y fuerza, y descubrimos que en Igualada está ayudando a muchas personas a mejorar su calidad de vida, y que en ningún otro sitio podría estar mejor.
Sus palabras nos muestran cómo los usuarios van ganando confianza día a día con los voluntarios, y cómo los terapeutas se convierten en parte de la rutina del centro. Por ejemplo, como cuando nos explica que al principio les costaba un poco más a los chicos hacer reflexología, por vergüenza a quitarse los zapatos… Ahora, dice ¡todos salen corriendo para cambiarse los calcetines y volver! Una muestra de cómo ha mejorado la confianza en ellos mismos y respecto a Raquel.
¿Cómo es entrar por primera vez en un centro nuevo como voluntaria? En este caso concreto ¿cómo te sentiste el primer día?
Es bonito comenzar un proyecto nuevo. Aunque empiezas con mucho respeto, nerviosa y no paras de pensar en cómo irá todo, tanto por ellos cómo por ti. Como se diría coloquialmente, sientes mariposas en el estómago. Pero me vi y me sentí bien. Me presenté a los niños; les expliqué que soy terapeuta floral, masajista… Les dije que a partir de ese momento iría al centro cada lunes por la tarde y que podrían tener sesión conmigo siempre que quisieran (dejando claro que no es una obligación venir conmigo).
“Es bonito comenzar un proyecto nuevo. Aunque empiezas con mucho respeto, nerviosa y no paras de pensar en cómo irá todo […] Pero me vi y me sentí bien”
¿Cuál es la “rutina” que sigues en el centro como voluntaria de Adama?
Voy cada lunes desde las 18 horas hasta las 20 horas aproximadamente. Llego, les voy a ver, pregunto cómo están… No obstante, ahora con el paso de los días son ellos quienes vienen a pedirme hora. Los tratamientos han tenido una recepción tan buena que incluso me faltan horas, ya que hay mucha demanda.
¿Significa ello que has notado una evolución en estos 4 meses?
No, la verdad es que no quiero decir que he visto evolución, porque todavía queda mucho por hacer de trabajo interior, de consciencia, de detectar patrones familiares... Iremos haciendo poco a poco, y todavía es pronto.
[Pero Mari Cruz Andreu, directora de Adama, nos comenta que cuando ha hablado con Raquel, descubre que sí hay pequeños resultados a través de algunas anécdotas que le cuenta… Como por ejemplo la de un chico del centro que estaba muy nervioso y Raquel no sabía qué hacerle de técnica natural para calmarlo y lo único que le se ocurrió fue abrazarlo. En ese momento el chico recostó su cabeza en el hombro de Raquel y empezó a ronronear y así estuvieron unos minutos. Cuando el chico se incorporó nuevamente, la miró a los ojos y le dio las gracias, habiendo calmado así su inquietud y nerviosismo.
O la historia de dos hermanas que ingresaron en el centro, y una era la más pequeña de toda la casa. Para distraerla un poco del impacto de la llegada, se la llevaron a un parque para que se distrajera un poco jugando. Al llegar al parque se quedó mirando a la educadora del centro y le dijo: “Qué hay que hacer aquí? Y la educadora le contestó que ¡jugar! A lo que la niña, confundida, les preguntó cómo se hacía eso de jugar porque nunca había estado en un parque… Lo cual les dio una idea de la vida que había llevado la niña con sus padres y cómo habían sido sus primeros años de vida.
Incluso la cocinera del centro le ha comentado a Raquel que nota el ambiente un poco más relajado… Ante estos marcos de referencia, no es tan fácil trabajar, admite Mari Cruz Andreu, por lo que pequeños resultados que veríamos en casos “normalizados” aquí son todo un éxito. A pesar de que Raquel por prudencia todavía no las llame “éxitos”, son en realidad grandes pasos hacia una mejora de la situación.]
Antes de colaborar en este centro de jóvenes estuviste en uno de mujeres durante dos años. Les hacías las mismas terapias naturales, pero hay muchas diferencias entre aplicarlas en el colectivo de mujeres en situación de vulnerabilidad que en el de adolescentes supongo...
Sí, en el centro en el que estuve anteriormente, trabajaba con mujeres maltratadas física y psicológicamente. Allí les hacía masajes pero no podía hacer flores de bach, y de hecho fue uno de los motivos por los que cambié de voluntariado. En realidad cada colectivo es diferente y cada uno tiene unas necesidades de tratamiento y de reinserción social distintas.
¿Con qué experiencia personal sales cada lunes del centro?
(Sonríe) Depende del lunes... Hay días en los que salgo cansada, preocupada... Pero a parte de todo eso, salgo con una sensación de felicidad y amor hacia el otro brutal. De hecho, el voluntariado es un feedback.
Equipo de comunicación de Adama
Rosa Maria Sánchez
Redactora



