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“Para cambiar el mundo tienes que educar a las madres”

 

Nuria Mateu, coordinadora del Servicio Materno Infantil de Cáritas, cree en la importancia de su trabajo, el cual defiende fervientemente frente a las malas expectativas reinantes. Mateu se muestra satisfecha del trabajo que Adama hace con las madres: “Para que ellas actúen de una forma diferente, primero hace falta sacarlas de lo que han visto”.

  • Hábleme un poco del funcionamiento del centro.

El proyecto Materno-Infantil se creó para dar acogida a madres eminentemente jóvenes que tuvieran su primer hijo, para ofrecerles acompañamiento y apoyo en esta nueva etapa, o si desde un servicio social se detectaba que debido a su edad o por situaciones familiares o socioeconómicas su asistencia podría favorecer su desarrollo como madres. El curso empieza en septiembre y se acaba en julio. Se ofrecen 15 plazas aunque ahora mismo somos 17. Las chicas vienen de lunes a viernes de 9 a 13h y el día se estructura en función de las necesidades básicas de los niños. Cuando llegan les ofrecemos el almuerzo, con fruta fresca que pueden hacer triturada, porque si no ellas no tienen acceso. Después ofrecemos alguna actividad: puede ser formativa por las madres o puede ser para trabajar el vínculo madre hijo. Estas actividades las vienen a dar profesionales, que colaboran de manera voluntaria con el recurso: hay una pediatra, una comadrona, una psicóloga... Cuando se acaba la actividad hacen la comida de los niños. Así también podemos trabajar el tema de los horarios, y que ellas aprendan a cocinar de manera equilibrada.

  • ¿Qué tipos de perfiles se pueden encontrar en este centro?

Las chicas tienen diferentes problemáticas, por lo cual los perfiles son diferentes. Así como en origen se daba prioridad a madres jóvenes (la más pequeña tiene ahora 14 años), es verdad que ahora hay madres que son más mayores pero que, al tener su primer hijo, se valora que viven la maternidad con mucha angustia y vale la pena que encuentren un espacio donde ellas puedan vivir de una manera diferente. En cuanto a orígenes, ahora mismo estamos al 50%: 50% de personas de origen extranjero, y 50% de aquí. Un poco para recoger la multiculturalidad que hay fuera, en la calle.

  • ¿Y en cuanto a las problemáticas que sufren las usuarias del centro?

Básicamente hay la problemática de la carencia de red social. Muchas han hecho un proceso de reagrupación familiar o se han casado, han venido aquí y han tenido una criatura. ¿Y ahora qué? Necesitan salir, relacionarse, saber como son los procesos: cuando vas al pediatra hay que pedir hora, etc… Esto por un lado, ya que además son familias que tienen precariedad económica. Otras madres pueden venir más de familias multiproblemáticas, con casos de violencia de género, de falta de recursos económicos, de bajo nivel cultural y de estudio, algunas explican maltratos psicológicos… Son situaciones muy duras con el añadido de que hay una criatura de por medio. En estas situaciones intentamos poner un poco de algodón para suavizarlo.

  • ¿Qué opinión le merece la colaboración con Adama?

Yo estoy bastante satisfecha. Cuando iniciamos el contacto, buscaba alguna actividad que pudiesen hacer las madres con los niños. Para que ellas actúen de una forma diferentes de la que han visto, primero hace falta sacarlas de lo que conocen. Así que hablamos con Adama que nos ofreció la biodanza. Este año hemos cambiado porque Belén [que era la terapeuta de biodanza] se tomó un año sabático. Con Mari y Asun, Mari hace más relajación, control del estrés… Un poco darnos cuenta cuando estamos enfadados como se lo transmitimos a los niños. Y la otra sesión es más comentar temas que hayan tratado con la psicóloga. Todas las actividades en general refuerzan la línea pedagógica que queremos imprimir tanto Margarita como yo, que es tener en cuenta que los niños tienen que aprender a hacer cosas, que tienen su nivel de lenguaje y, por tanto, su nivel de expresión, Y que son monos, es decir, que imitarán y repetirán las conductas que ellas les transmitan

  • ¿Cómo ve el futuro del proyecto?

¿El futuro? Muy negro. Nosotras siempre decimos que cuando las madres tienen que venir no quieren y cuando tienen que marcharse, tampoco. Siempre hemos funcionado por subvenciones y donaciones de socios de Cáritas. Hace más de 20 años que el Materno Infantil funciona y hemos pasado un poco de todo. Claro, no es un proyecto de inmediatez, muchos resultados ni los vemos, es difícil de valorar. Sí que podemos ver que las madres llegan con unos ánimos y salen con otros; que los niños entran de una forma y salen contentos y cantando. Es muy importante también la red de contactos que hacen aquí. Por eso esperamos que el proyecto tenga continuidad.

  • ¿Qué importancia le da a la labor que hacen aquí?

Bueno, es un poco la idea de educar para cambiar el mundo. Si quieres hacerlo, tienes que educar a las madres, que son la fuente de todo. Si hay cambios, siempre vienen promovidos por las madres. Ellas ven las necesidades de cambios, de prosperidad. Son las que tienen que ver las posibilidades que tienen sus hijos. Que vean que sus niños no tienen por qué pasar por lo mismo que ellas. Este es el momento óptimo para que ellas tomen conciencia y no sigan patrones sólo por desgaste y cansancio mental. Nuestro espacio se llama La Closca, lo rebautizamos hace unos años para que no tuviesen que decir que venían a Cáritas. Surgió La Closca en el sentido en que nosotras somos como la cáscara de huevo. El espacio donde pueden acabar de formarse, tanto la madre como el niño, y cuando se sientan capaces romperán la cáscara y saldrán a vivir.

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